martes, 18 de mayo de 2010
"Y es un lujo que sea en Salamanca"
Muchas gracias por estar ahí (una vez más)
muchas gracias por esperar,
muchas gracias por el calor,
muchas gracias por la paciencia,
muchas gracias por la complicidad,
muchas gracias...
La última vez que estuvimos aquí yo me sentia muy protegido, muy protegido y muy acompañado por la estatura gigantesca de mi primo "El Nano". Esta vez me he buscado otro primo para la canciones nuevas más que primo en este caso, que está por aquí, al que le quiero dedicar las canciones nuevas que se llama Benjamín Prado.
Uno escribe siempre la misma canción,
sobre un niño con cara de viejo,
que se atreve a volar bajo el cielo marrón,
que agoniza detrás del espejo.
Uno canta siempre la misma canción
otra noche en el bar de la esquina,
cerca de la estación donde duerme un vagón,
cuando el tiempo amenaza rutina.
Uno rumia siempre la misma canción
como un perro ladrando a la luna,
con la misma trompeta y el mismo trombón
de mariachi que estuvo en la tuna.
Uno acaba nunca la misma canción
que construye a trancas y barrancas,
luego llega la hora de alzarse el telón
y es un lujo que sea en Salamanca.
domingo, 5 de abril de 2009
"Ruido, ruido, ruido"

Qué descansada vida la del que huye el mundanal ruido y sigue la escondidasenda, por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido!
"[...] volver a sus estudios y a Salamanca (que enhechiza la voluntad de volver a ella a todos los que de la apacibilidad de su vivienda han gustado), pidió a sus [...]"
Hace tiempo que sostengo la opinión de que la cantidad de ruido que uno puede soportar impasible está en relación inversa con sus facultades mentales y puede ser considerada por tanto como una medida aproximada de las mismas. De modo que, cuando escucho ladrar a un perro durante horas desde el patio de una casa sin que nadie lo apacigüe ya sé lo que debo pensar de las facultades mentales de sus habitantes. El que habitualmente cierra de golpe las puertas de las habitaciones, en vez de hacerlo con la mano, o permite que eso suceda en su casa, no es solamente un maleducado, sino también una persona tosca y de limitada inteligencia...No estaremos completamente civilizados hasta que el ruido quede proscrito y nadie se arrogue el derecho a irrumpir en la consciencia de un ser pensante, por lo menos a mil pasos a la redonda, mediante silbatos, aullidos, etc.
Arthur Schopenhauer