viernes, 21 de agosto de 2009

"Desafiando al oleaje sin timón ni timonel..."


A comienzos de este verano vi una lancha hinchable de esas que algunos tuvimos de crios. Costaba 20€ y la tenían en una tienda debajo de mi casa.

Tarde un par de semanas en decidirme a comprarla pero al final lo hice. No estaba seguro de que fuera un dinero bien invertido. De hecho justo después de comprarla, al salir de la tienda salí algo arrepentido de haberlo hecho.

El caso es que, el mismo día de la botadura comprendí de sopetón que esos 20€ se iban a convertir en el dinero mejor invertido de todo el verano. Mi duda sobre la compra sólo duro un suspiro (literal) La lancha era para mí, sí, pero yo no tenía ninguna intención en subirme a ella. De hecho la compré sin remos. Para hacer de remos y de timonel estaba yo. La barca tenía adjudicada su tripulación bastante antes de su compra: mis tres sobrinos.

El Cantábrico se enrolló más de lo habitual en él aportando su granito de arena y el viento sopló justo y más de lo necesario para que las olas, Arquímedes mediante, pusieran patas arriba a todos y cada uno de los ocupantes volteando una y mil veces la lancha. Por cada vuelco un conglomerado de emociones para su grumete: sorpresa, alegría, miedo... Y mi duda sobre el acierto de su compra sólo soportó el primer revolcón. A lo mejor dentro del propio concepto de vuelco está el llevar consigo esa catarsis que, al menos en mí, disipó la menor duda. Cuando vi las lágrimas (al 50% risa-llanto) en los ojos de todos y cada uno de los tripulantes, y aun con el aturdimiento del haber sido volteados, verlos buscar a tientas la lancha alcanzándola a trancas y barrancas para volver a bordo, tuve fé ciega de haber acertado con la compra.

Hoy la tripulación cmbió de mar y de puerto y abandonó a su patrón. Y el patrón se siente cojo, como el pirata, sólo que a la altura del alma: acostumbrado a hacer de timón de su gente, pierde un poco el norte cuando se ve sin tripulación que gobernar. Deberá esperar un año más para volver a surcar los mares cántabros.

lunes, 10 de agosto de 2009

Y Cía.


"[...] Que a estas alturas todos sabéis que esta gente que hay aquí, aparte de ser bastante más que mi propia familia tienen sus propias carreras individuales y también la que tienen conmigo no es de meros acompañantes puesto que componen conmigo, me producen, me inflan a hostias cuando es necesario... y me quitan las nubes negras."

Joaquín Sabina, presentando a sus músicos durante un concierto.
P. de la Magdalena (Santander. Agosto de 2006)]

jueves, 6 de agosto de 2009

A8 (VAG)


"A veces la perfección resulta dificil de soportar"

En el año 2006, Audi presentaba el anuncio del A8 con una serie de imagenes de su coche estrella unicamente apoyandose en el siguiente texto:

"En 1817 el joven novelista francés Stenhal, visitó la ciudad de Florencia. Nada le había preparado para la acumulación de tanta belleza. Entro en la monumental iglesia de la Santa Croce. De repente se sintió aturdido: sufrió una ligera desorientación, palpitaciones, una intensa sensación de falta de aire... y tuvo que salir. Hoy en día, estos síntomas se conocen como síndrome de Stendhal."

Como en los buenos anuncios, en ningún momento hacen alusión al coche. Tan sólo al final se cita una escueta frase "A veces la perfección resulta dificil de soportar" seguida del nombre del momdelo anunciado: A8.

El anuncio entero creo que es el mejor que he visto nunca pero hay un momento sublime en él que es cuando aparece el coche una noche, bajo una intesa lluvia con las luces dadas, el limpiaparabrisas a todo gas y, claro, el coche vacío con la puerta abierta.

Una vez más, Audi, apoyada en la agencia publicitaria DDB, supo hacer diana. Os recomiendo que visiteis más anuncios de esta agencia para audi.

Pic: La foto no es exactamente del A8 sino de la versión deportiva de éste. Me gustaba el contraste del coche, el edificio y la bici ¿Algún problema?

domingo, 2 de agosto de 2009

A Raúl González Tuñón

A sus diez y ocho abriles (parece que fue nunca) el abajo firmante quería ser ladrón; un respeto, nada que ver con los piojosos, santos inocentes, cacos provincianos que detenía mi padre, el comisario Florencio Pérez, en la sórdida Mágina franquista (¿entienden ahora por qué mi infancia no se parecía al prestigioso paraíso perdido del escriba adulto?) uno, modestia aparte, apuntaba más alto: o Borges o bailable, o Al Capone, o ilustre miembro de la infame turba de románticos rateros cosmopolitas que dilapidaban su dinero con mujeres y malandrines en pocilgas y merenderos en milongas y clandestinos. Por cierto y hablando en plata ¿qué mujeres, qué dinero, qué milongas? Pocilgas y merenderos y clandestinos sí, de eso teníamos en mi calle para dar y exportar. Y aquí entra, sombreros fuera, González Tuñón, bendito sea; porque uno, en su ignorancia bautismal, ni sabe ni quiere saber cuáles son los mecanismos sutiles y misteriosos por los que un racimo de versos imborrables queda tatuado a fuego en la memoria de los veinte años como jamás, por sublime que fuera, lo haría después otro poemario. Tal vez, quiero creer que sí, fue a través del tata Cedrón, que salía en los amados libros de un tal Julio y con quien tuve el honor de emborracharme, pagando yo naturalmente, años después en la tertulia del Tato, otro cronopio argentino de Granada (donde también conocí, pero esa es otra historia, a Luis García Montero) como primero lo escuché.
Pero a lo que íbamos, rebobinando, supongo que antes de leerlo, lo disfruté cantado (avant la lettre, que diría un cursi o de la musique avant toute chose, que dirían dos) por el cuarteto Cedrón en la cara B de un disco donde Paco Ibáñez, tan insultado estos días por la sectaria manque de finesse de los filisteos de siempre, recitaba, con su conmovedora voz de cabra, a Pablo Neruda. ¿Cómo no iba a gustarme si hablaba del farolito de la calle en que nací, del balcón donde volverían a colgar sus nidos las más oscuras golondrinas, de las Magdalenas imposibles con las que nunca dormiría, de la gorra hasta las orejas, de las bufandas a cuadros, de las buenas samaritanas, del asilo de las hermanas, de las patadas en la puerta que, a media noche, me desvelarían? ¿Cómo no iba a amarlo si yo también coleccionaba tarjetas postales y quería viajar y ser feliz y, antes que nadie, sí, que nadie, estuve enamorado de Rosita? Luego llovió, diluvió sobre mojado y leí y canté y viví y rodé y bebí y olvidé y jugué y perdí y gané y aprendí a bailar el vals sin academia, pero no a silbar ni a bajarme de los coches en movimiento y mi gato Lutero se comió el canario y la virgen de plata salió puta y aquellos polvos trajeron estos lodos y cada vez que, a ratos, escampaba, allí seguían los versos de Raúl grabados para siempre en la piel del corazón de la memoria. Quién sabe cómo llegarían en el Londres post Beatle y post Mary Quant a los oídos sin tapones de los cojones del alma de aquel atónito exiliado que yo fui los versos del poeta rioplatense, tan rojo sin perder exquisitez, tan exquisito sin ponerse precio. ¿Y cómo le digo a la gente que baila boleros y no lee poesía que la culpa la tienen los que la escriben, que la culpa la tienen los que la enseñan, que la culpa la tienen los que la impostan? ¿Y cómo les digo que Raúl, que González, que Tuñón? ¿Y cómo les digo? El caso es que, cuando me pidieron rescatar del olvido un poema amado, no tuve que pensarlo. Porque le deben todo mis canciones, porque lo leen tan poco mis cofrades, porque lo ignoran mucho los poetas, porque no saben nada los que saben, porque lo quiero tanto todavía, por su muerte tan viva y tan insomne, porque me hace llorar a pleno día, por los años impíos y fugaces, por la primera piedra en tantos barrios, por mi guerra de España tan perdida, por su Rosa blindada, porque todos somos humanos, inhumanos fatalistas, sentimentales inocentes como animales y canallas como cristianos.

Joaquín Sabina en la Casa de América a Raúl González Tuñón

sábado, 1 de agosto de 2009

Para Arcángel González

Para Arcángel González

I]

Bendita sea la canción desnuda
sin el beso de Judas Gamoneda,
maldita santa Rita en almoneda
con medalla de boina tartamuda.
Bendito calcetín sin fe ni muda,
huésped contrito del amor en veda,
galletas con café, lija de seda,
sin Cristo, ni Yahvé, ni Freud, ni Buda.
¿Qué será de mis íes sin tus puntos,
de mi solo de baba sin adjuntos,
de la Kontiki a solas con tu silla?
Ángel querido, ¿quién vacuna ahora
mi sarpullido al margen de la aurora,
mi verso tan viudo y con ladillas?

II]

A la hora de don Juan y de don Mendo,
de Bradomín, del carro de Pandora,
del sarro de la nuit que nos devora
nunca te oí decir: vámonos yendo.
Arcángel de la duda en comandita,
posguerra del dos mil, difunto mío,
por los baipases del escalofrío
se desangra mi sangre huerfanita.
Este año que nació sin primavera
murió de viejo tan recién nacido
como el olvido al pie de una escalera.
González en goliardo, qué apellido
bastardo del marido de cualquiera,
qué muerte al por mayor, qué sinsentido.


Joaquín Sabina (2008) En prensa: Interviú.

lunes, 13 de julio de 2009

Alexitimia



"Los sentimientos son la medicina que no te prescriben los médicos pero que resulta tan imprescindible como la más urgente de las medicinas"
"Clorofila de la soledad"
"Los veranos son tan grises; los otoños solos de violín"
Rubia de la cuarta fila (Joaquín Sabina)


Entre tanto debate abierto hace años sobre si la psicología tiene que ser o no sanitaria, me viene a la cabeza una cita de Carlos Llamas que probablemente zanja de una vez por todas una polémica tan estúpida como irresoluble. Pues no sé, que últimamente, el trabajo me hace pensar cada vez más en los sentimientos.

viernes, 10 de julio de 2009

Surrealismo es esto, no lo de Dalí




Y uno no sabe si reír o si llorar
viendo a Trotsky en Wall Street fumar la pipa de la paz
J. Sabina, 1990

El surrealismo soy yo
Dalí

Surrealismo es esto, no lo de Dalí
Aute

Que si yo conozco Vivaldi? ¡Pero por supuesto! Se come fantástico.
[Diálogo inaudible al teléfono]
¿Ah, que hay un músico que se llama así también? ¿Salió hace mucho?
Les Luthiers


Hace unos días tuve una conversación surrealista con una compañera. Yo estaba con apuntes haciendo dibujitos en ellos mientras recibíamos una charla que verdaderamente no me aportaba nada nuevo. Y no soy muy bien dibujante figurativo así que todo lo que pinto es abstracto. Una compañera me preguntó que qué era lo que hacía y le dije justamente eso: estoy un poco aburrido, no soy muy bueno dibujando así que garabateo un poco en abstracto. Le comenté que me estaba dando cuenta, precisamente a través de esos garabatos de lo mucho que me gusta Chillida. Y ahí comenzó el diálogo divertido:

- Me estoy dando cuenta, justo ahora que dibujo esto, de todo lo que me gusta Chillida. ¿Te gusta a ti Chillida? –le pregunté-.
- ¿Quién?
- Chillida, Eduardo Chillida.
- No sé quién es ese.
- Si hombre, el escultor, Eduardo Chillida.
- No sé. Es que no veo la televisión. ¿Qué obras famosas tiene?
- Pues en el país vasco bastantes. Yo apenas lo conozco: la verdad es que no te sé decir nombres: solo que tiene una bastante conocida que se llama el peine de los vientos y luego un museo maravilloso que se llama Chillida Leku.

Nunca pensé que me alegraría de decirlo pero no sabéis lo contento que estoy de no saber dibujar meninas. Y no, no me las tiro de intelectual: por supuesto que se puede no saber quién es Chillida [en todo caso es raro en una persona española de mi edad de nivel cultural medio-medio como era ella] pero el razonamiento de necesitar ver la tele para conocerlo no tiene precio. Todavía sigo sin entenderlo pero me parece divertidísimo. En aquel momento supe contener la risa por lo surrealista de la situación.
La foto es del dibujo que originó la conversación.

sábado, 4 de julio de 2009

Don McLean



El 95% de toda la música que escucho es de Joaquín Sabina. Si echais un vistazo a todas las anteriores entradas en el blog, vereis que no os descubro nada.

El 5% restante de la música que existe para mí, se distribuye entre unos pocos elegidos. Uno de ellos se llama Don McLean. Junto con American Pie, otra canción suya, Vincent, me parece sencillamente perfecta.

Pues eso, me apetecía actualizar con alguien que no fuera Sabina. Luego están los Beatles, Bod Dylan y poco más.

miércoles, 1 de julio de 2009

Se llamaban Felipe y Leticia




¿Qué filtro de amor, Letizia,
qué palaciega delicia
te sedujo, corazón?

Ayer le puse dos velas
negras a Rouco Varela
por bendecir la función.

Y, sin cambiar mis principios
tricolores, estos ripios
quisieran, princesa Ortiz,

decirte en esta balada
que ya no hay cuentos de hadas
que tengan final feliz.

Menuda bronca has formado
por haber desolterado
al heredero de Orce;

lo que el gana yo lo pierdo,
¿boda del siglo? De acuerdo,
pero del siglo catorce.

Princesa, que anacronismo,
este gigante es el mismo
que derrotó a don Quijote.

¿Para qué sirven los reyes
si no les rozan las leyes
ni el hambre ni el chapapote?

Dile a tu suegra Sofía
que imite a doña María
y aplauda a Curro Romero.

Rostropovich mola mazo,
pero el pueblo es un pedazo
de pan tosco y zarzuelero.

¡Viva Azaña! repetía
la España maldecía
monarquías de quita y pon.

Procura que don Felipe
entre polvo y polvo flipe
con Borges, Larra y Platón.

Bajo la tiara de espinas,
háblale de tus vecinas,
tormentos y desvaríos

al principito del cuento
que se aprendió el argumento
y nunca ha pasado frío.

Agárralo por el talle,
ponlo en mitad de la calle
disfrazado de bufón,

de moro sin pasaporte,
de cortesano sin corte,
de sueño de la razón.

Dile que las divorciadas
no creen en esas bobadas
de la princesita tonta.

la Sartorius se quedó
corta y la nórdica no
supo hacer de Pocahontas.

Háblale de usted a tú,
dile que la sangre azul
cuando sangra es bermelona;

que se mezcle con la gente,
que no sea tan indolente,
al peso de su corona.

La familia es un sorteo,
Julieta besa a Romeo
por no cortarle las alas.

Pobrecita lady Di,
que quiso cambiarle el chip
al RIP de Buckingham palace.

Y ojo con la canallesca
lisonjera que arma gresa
según afines la nota.

Madrid bien vale una misa
¿o era París? con las prisas
ni Peñafiel mira el Gotha.

La corte de los milagros
parece un corral de Almagro
sin Lopes ni Calderones.

Ojalá que los Ortiz
maquillen con su barniz
ilustrado a los borbones.

Cristínate, elénate,
Leti, urdangarínate,
pero sin marichalarte.

Nadie compra los secretos
de aquel marido discreto
que no es juez siendo tan parte.

Sin ponerme en tu lugar
quisiera que por jugar
compartieras la primicia

de que aquel rojo menos chic
alce su trago de Dyc
para brindar por Letizia.

J. Sabina A Letizia Ortiz y la Boda Real
(en prensa: Interview, 2004)

Imagen: Este Rolls también pertenece a la Casa Real. La versión descapotable de este mismo fue la que usaron el día de la boda. Dos curiosidades: en la matrícula sólo aparece una corona real. Emily, la figura del expíritu del éxtasis que preside todas las parrillas de los Rolls, aparece arrodillada en señal de distinción para los ocupantes.

martes, 30 de junio de 2009

Clao




El otro día en un voluntariado intercultural que he estoy haciendo (creo que ya hablé de él hace poco) vino un niño de 7 años marroquí. Lo acompañaba una prima suya que hacía las veces de intérprete. Yo le ofrecí galletas y él, traducción mediante, me respondio con una sonrisa de oreja a oreja, que interpreté correctamente como un muchas gracias. A los treinta segundos ya tenía sus galletas en un plato sobre la mesa. Cuando las vio, cogió una con cada mano, me imagino como señal de propiedad. La cosa es que no se decidía a comerlas así que le dije a la traductora que le preguntara porqué no lo comía. La respuesta que me dio la traductora fue:

"Me dice que prefiere esperar a Clao"

Yo le dije que no conocía a ningún clao, que probablemente estaba mal traducido así que insistiera. Ella me dijo que le repetía claramente clao (cosa que yo oía perfectamente) y que clao no es ninguna palabra árabe.

Después de un rato deduje que Clao no era nadie sino algo. Y ciertamente, tenía razón: una merienda, por mucha galleta que tenga no es merienda sin Clao. "Cola Clao".

miércoles, 24 de junio de 2009

Danza de San Juan

Ardiendo está la hoguera un año más
lo danzo prima ya vuelve a soñar.
Señor San Juan la fiesta va a empezar,
señor San Juan salgamos a bailar.

Si bebo me entran ganas de llorar
si no al fin de la noche lloro igual.
Señor San Juan la fiesta va a empezar,
señor San Juan salgamos a bailar.

A ti el trabajo no te ha de faltar
el nuestro no sé cuanto va a durar.
Señor San Juan la fiesta va a empezar,
señor San Juan salgamos a bailar.

No sé si para bien o para mal
como eres de madera no hablaras.
Señor San Juan la fiesta va a empezar,
señor San Juan salgamos a bailar.

No sé si tu podrías escuchar
a un tipo que jamás te va a rezar.
Señor San Juan ayúdame a buscar,
señor San Juan qué ganas de pecar.

Cuando no quede nada por cantar
el cuco por nosotros seguirá.
Señor San Juan la fiesta va a empezar,
señor San Juan salgamos a bailar.

Si al fuego con mis huesos voy a dar
quemarme en la foguera de San Juan.
Señor San Juan la fiesta va a empezar,
señor San Juan salgamos a bailar.

No sé si tú podrías escuchar
a un tipo que jamás te va a rezar.
Señor San Juan ayúdame a buscar,
señor San Juan qué ganas de pecar.

Ardiendo está la hoguera un año más
lo danzo prima ya vuelve a soñar.
Señor San Juan la fiesta va a empezar,
señor San Juan salgamos a bailar.


(1993)

domingo, 21 de junio de 2009

Se llamaba Andrés

Para ser honestos no tengo ni zorra de cómo se llamaba en la realidad. De lo que dudé un solo instante fue que Andrés (así lo llamaré) sería protagonista de mi próxima entrada en el blog.

Andrés era un niño de unos 9 años hijo de un trabajador de un espectáculo de coches que aplastan coches. Mientras sus padres van de espectáculo en espectáculo conociendo todas las ciudades del mundo, Andrés tiene que buscarse la vida. A los 9 años, con las necesidades básicas cubiertas, buscarse la vida es básicamente tener amigos para jugar con ellos. Labor complicada para un crio de familia nómada.

Lo cierto es que Andrés ya tenía su amigo: era un hijo de un señor que estaba en la cola para entrar en el show aplastacoches. Os pongo en situación:

Dos niños, mientras sus padres estaban cada uno a lo suyo (uno preparando el show y otro guardando la cola para verlo), se habían puesto a jugar. Al cabo de un rato unos operarios pusieron una verja metálica que los separó (en este momento no pude evitar acordarme del niño con pijama de rayas) En ese momento los niños estaban cada uno a lo suyo. Cuando los niños se dieron cuenta de que la vaya los separaba sin poder hacer nada se quedaron mirándose. Andrés miraba al hijo del señor que estaba en la cola para entrar. En ese momento llegó el padre después de guardar la cola y le dijo a su hijo: "No podemos entrar a ver el show. Es muy caro". En aquel momento Andrés llamó a su amigo cuando le vio hablando con su padre. Andrés le dijo:

- ¡Eh, amigo! ¡Ven a jugar conmigo!
- Soy tu amigo y juego contigo si me dejas pasar

Ayer descubrí que a los 9 años un niño pasa de tener amigos para tener socios. Lo cierto es que estuve toda la tarde pensando en Andrés y me dio mucha pena.

Repito: ni vosotros ni yo tenemos ni zorra de cómo se llamaba Andrés realmente. Pero ese chaval, independientemente de cómo le hubieran puesto sus padres al nacer, llamarse, llamarse se llamaba Andrés.

PD: Pudiera haberme inventado la historia. Lamentablemente no tengo tan buena imaginación.

viernes, 12 de junio de 2009

Menos dos alas




González era un ángel menos dos alas,
González era un santo por lo civil,
un dandi con un ojo a la funerala,
tan rojo tan Oviedo y tan zascandil.

Hilaba en los garitos de mala nota
boleros de Machín con Juanín de Mieres:
apurando esos güisquis en los que flota
la luna de las golfas y los crupieres.

Cuando volvía
del extranjero,
tan forastero;
a las dos no era de día,
a las seis ya era de noche,
pídame un coche
fumando espero
y le aplaudían
los camareros.

Otoños y otras luces, pan con verbena;
tan Príncipe de Gales de Cortefi el;
tratado de urbanismo, Juan de Mairena:
proustiana magdalena, tinta y papel.

Verde por la vergüenza que no tenía,
hasta ayudó a Caronte a quemar sus naves,
contaba que morirse no era tan grave
y agonizó en voz baja, por cortesía.

Cuando volvía
del extranjero,
tan forastero;
a las dos no era de día,
a las seis ya era de noche,
pídame un coche
fumando espero
y le aplaudían
los camareros.

J. Sabina a Ángel González

lunes, 8 de junio de 2009

¡Corrobore, corrobore, que se va usted a hartar!




¡Que me salga una máquina por favor!

No hace mucho que siempre que llamo a los servicios de atención al cliente rezo para que me salga una máquina. Que tal, mi nombre es fulanito y mi CI es de 100. ¿Hablo con Pentium doble núcleo a 2,00Ghz? Encantado.

Sí, he dicho bien: quiero que me atienda una máquina. Las máquinas han mejorado mucho, ya casi empatizan con uno. Por contra, los operarios, han sufrido el proceso inverso (obligados por el sistema, por supuesto) Los límites entre humanos y máquinas se difuminan no tanto por el avance de la técnica sino por el retroceso de los humanos: los mentores de estos operarios han conseguido inculcar en sus discípulos la creencia de que toda la lógica con que son capaces de trabajar, se limita a distribuir aleatoriamente un reducidísimo grupo de palabras comodín en cualquier frase. No es falta de nivel cultural ni nada por el estilo. Es una máxima empresarial: economía del lenguaje pura y dura. Ciertamente el motivo de las llamadas a estos servicios puede tender a infinito y si al final consigues que tan sólo se trate de una verificación o corroboración (no se necesita complemento, simplemente verificación o corroboración en sí mismas, a palo seco), como empresario, has ganado mucho.

Estos días son los exámenes de Selectividad: si en el examen de Lengua Castellana pusiésemos a los chavales a analizar el diálogo de uno de estos trabajadores en su día a día, toda la conversación tendría un único núcleo ("verifico" o "corroboro", indistintamente) y todo lo demás serían complementos, subordinadas, yuxtaposiciones, locuciones, circunloquios, rotondas, idas de tarro y salidas por la tangente. Al final, la oración puede ocupar uno o varios párrafos (también indistintamente) y tendríamos un fantástico diálogo de besugos. Lo peor es que encima, como te tratan por el nombre, ni tan siquiera te queda el placer de poderle llamar gilipollas. Nunca hay que perder las formas.

Desconozco el adoctrinamiento al que son sometidos en un cursillo acelerado pero me temo que no siempre, los términos “verifico”, “corroboro”, y similares son usados sin saber previamente su significado. Me molesta que corroboren antes de verificar y que verifiquen sin saber qué demonios es eso. Yo aprendí el significado real de verifican y corroborar en 2º de carrera en una asignatura de filosofía con Kuhn y Popper mediante. Y ahora mismo no estoy seguro de saberlos utilizar en su justa medida.

Ahora os propongo ser malos y hacer un pequeño juego: se trata de juntaros con un amigo y llamad al tiempo desde dos teléfonos distintos a este tipo de servicios de atención al cliente. Se trata de leer en dos llamadas simultáneas al mismo servicio de atención al cliente un mismo caso imaginario previamente pactado. Ya en la llamada, una vez leído el caso hipotético, gana aquel que consigue retrasar lo más posible la aparición en la conversación del término corroborar, verificar o cualquiera de sus variantes. ¿Qué te va a que no pasáis del minuto? Verificadlo vosotros mismos.

domingo, 7 de junio de 2009

Alivio de La Magdalena


Buenas noches, Cantabria; Buenas noches, Santander!

Es un gusto, después de sufrir los calores saharianos del sur y de la meseta, llegar aquí a la campa de La Magdalena –que no es mal nombre- a refrescarse un poquito (aunque no demasiado) con el aire cántabro. Hacía un tiempecillo que no veníamos a Santander y como no hicimos aquí la gira acústica ultramarina, ahora mezclare, mezclaremos un poco de Rock & Roll (no demasiado -que estamos ya muy mayores-) con otras cosas.

Esta semana me enchufo las pilas
cuarto menguante de rota garganta
ni stress ni valium ni coca ni… tila
hoy madmoiselle, carretera y top manta.

Intro del concierto Alivio de Luto
La Magdalena, 2006